lunes, 18 de abril de 2016

Sanchos que intentamos ser Quijotes




Y es ahora, después de cuatrocientos años, en nuestro mundo actual, cuando más necesitamos a su hidalgo.

Cervantes nos enseña que Don Quijote es el sueño, el ideal. Sancho, sin embargo, es lo posible, lo real, el labrador que sólo piensa en sus propias necesidades. La compañía de Don Quijote lo mejora, lo hace superior, admirable, heroico a veces.

Don Quijote es el espíritu que lo guía, pero es Sancho el que debe hacer el trabajo, el que lucha y pelea cada día, el que quiere mejorar. 
Tal vez, todos somos Sanchos que intentamos ser Quijotes.

En el último capítulo del libro, Don Quijote, derrotado, deja de cabalgar. Sancho llora a su señor. Y es ahora él quien intenta convencerle para que vuelva a ser caballero vencedor, vencedor de la derrota y de la vida.


—¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.


Con la muerte de Don Quijote, Cervantes pone fin a una de las grandes joyas de la literatura universal.

¿O no?

¿Y si junto a los restos del autor hubieran encontrado un último manuscrito de la obra?








Abril, mes del libro en el IES Jándula



lunes, 28 de marzo de 2016

El regalo







Cuentan que se pasaba el día frente el papel en blanco escribiendo… O más bien, con la idea de que estaba escribiendo. Porque el papel permanecía en blanco.




domingo, 7 de febrero de 2016

Yo no quiero catorce de febrero




Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena de sofá,
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros,
yo no quiero sembrar ni compartir,
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas,
yo no quiero que elijas mi champú,
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde,
yo no quiero columpio en el jardin,
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes,
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero,
yo no quiero besar tu cicatriz,
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.

No me esperes a las doce en el juzgado,
no me digas "volvamos a empezar",
yo no quiero ni libre ni ocupado
ni carne ni pecado
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste,
yo no quiero contigo ni sin ti,
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.


Joaquín Sabina, Contigo 


lunes, 11 de enero de 2016

Empezamos bien...



  
Carlitos aún creía en los Reyes pero -estaba claro- no confiaba en ellos. Si no, no hubiera hecho lo que hizo; si Carlitos hubiera confiado en los Reyes no hubiera secuestrado al Niño Jesús.

En el belén, San José tenía las manos levantadas al cielo como pidiendo una explicación y la Virgen miraba, desolada y meditabunda, el pesebre vacío.

Volveréis a ver al Niño si Melchor me trae la Wii -rezaba el mensaje de atropellada caligrafía que encontraron bajo la mula.

El Nacimiento cada vez estaba más alborotado. Los pastores y la lavandera se acercaron al portal para interesarse por lo ocurrido; convocaron una concentración silenciosa junto al río y regresaron mansamente a sus sitios. El centurión romano peinó con un par de legionarios musgo y cartón piedra sin ningún resultado. Melchor buscó inútilmente en sus alforjas el trasto que pedía aquel mocoso.

Despedíos del Crío si llamáis a la policía terminaba la nota.

Dejaron la Wii junto a los zapatos.

No durmieron en toda la noche: no tenían muy claro que Carlitos cumpliera su promesa.

En fin.


Aster Navas, Un chico prometedor

lunes, 30 de noviembre de 2015

Más humanidad







Erik PikersgillRemoved






Bansky




Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. 
Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. 
Pensamos demasiado, sentimos muy poco. 
Más que máquinas necesitamos más humanidad.


Charles Chaplin, El gran dictador (1940)


lunes, 9 de noviembre de 2015

Inolvidable



La guitarra me ha ofrecido la capacidad de poder expresarme sin utilizar la palabra








En la vida hay amores que nunca
pueden olvidarse.
Imborrables momentos que siempre guarda el corazón.

Porque aquello que un día nos hizo
temblar de alegría,
es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor.

He besado otros labios buscando nuevas ansiedades.
Y otros brazos extraños me estrechan
llenos de emoción.
Pero sólo consiguen hacerme
recordar los tuyos.

Inolvidablemente vivirán en mí.







Francisco Moreno Galván



16 de noviembre, Día Internacional del Flamenco


lunes, 26 de octubre de 2015

Pequeños MIEDOS





LA CASA HECHIZADA

-¿Está hechizada? -pregunté.
El posadero me miró, sacudió la cabeza y respondió:
-Yo no digo nada.
-¿Entonces lo está?
-¡Bueno!... Yo no dormiría en ella -me espetó el posadero en un arranque de franqueza que tenía la apariencia de la desesperación.
-¿Y por qué no?
-Si me gustara que sonaran todas las campanas de la casa sin que nadie las tocara; y que golpearan todas la puertas de la casa sin que nadie llamara en ellas; y escuchar todo tipo de pasos sin que ningún pie la recorriera; pues bien, entonces sí dormiría en esa casa -explicó el posadero.

Charles Dickens


UNA Y MIL VECES (Escoge el final)

Me ha ocurrido -lo sabes- desde siempre. Vuelvo una y mil veces sobre mis pasos para comprobar que he cerrado el coche. Abro una y otra vez la puerta de casa para cerciorarme de que dejo las luces apagadas; me echo la mano al bolsillo casi compulsivamente para asegurarme de que ahí siguen la cartera, las llaves...

Comprende entonces que te abandone en mitad de la noche, en medio de un -son, amor, tan reales- beso, de una caricia; que te deje, tesoro, desconcertada, abrazando el aire y cruce la ciudad hasta aquí para que una lápida me confirme una y mil veces

1. que estoy muerto.
2. que estás muerta.

Aster Navas

EL POZO

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.
"Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.

Luis Mateo Díez


Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta. 

Thomas Bailey Aldrich 


LA ÚLTIMA CENA

El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida.

Ángel García Galiano

PEQUEÑOS CUERPOS

Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.
Triunfo Arciniegas

DESPUÉS DE LA GUERRA
El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.
Alejandro Jodorowski

FANTASMA TRADICIONAL
En mitad de la noche, la sábana se despertó y salió a trabajar.
Eugenio Mandrini

DESINENCIA
Cuando estaba escribiendo el cuento más breve de su vida, la muerte escribió otro más breve todavía: ven.

Juanjo Ibáñez

A PRIMERA VISTA
Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro. 
Poli Délano

SON SUEÑOS
El "coco" cada noche venía a visitarme, a cantarme y darme las buenas noches. Después se iba. Una noche no se presentó y extrañamente me asusté...
Maribel Lara Medina
Primer premio del II Concurso de Microrrelatos IES Jándula


jueves, 24 de septiembre de 2015

Ahí abajo




Rota sobre el arcoiris,
descubro que la lluvia
es mi única coraza.
De noche se me forman
piscinas en el hombro,
mientras cuento mis pecas.

De mañana, imagino
que buceo en ellas:
que mi nuez es esponja,
que escribo mis poemas
con la ruina de nadie.
En el fondo de todo
-cuyo cielo es trapecio-
mi cuello de botella
se empequeñece y ríe,
con un mensaje dentro:
salir jamás de aquí,
hormiga a pata coja.

O tumbada en añil:
mi barbilla es cruel
y araña el imperdible
que sujeta mis botas,
o me arranco de cuajo
el punzón que me aferra
al balcón, y me asomo.
He estado ahí abajo.
Golpeo el techo y llueve.
Diluvia mi cabello:
la lluvia es mi defensa;
éste, mi himno acuático.

He estado ahí abajo.
Abajo, más profunda.
Donde puedo estar sola.
Incluso más abajo,
incrustada en el fondo
del agua o de la tierra.
Trenzas destartaladas:
soy muñeca de sucio
trapo, pisoteada,
rota sobre el arcoiris.


Elena Medel, Candy